Sólo hay dos recursos expresivos

Muchas veces he pensado que formarse es aprender lo mismo una y otra vez.

No se trata de que todas las disciplinas o asignaturas que componen unos estudios sean iguales. Pero sí que los conceptos que subyacen, la lógica interna de las cosas, muchas veces es la misma. Por eso, a veces decimos: “esto es como…” y podemos hacer comparaciones.

Uno de los conceptos clave que más me han marcado en materia de comunicación es el que os voy a transmitir a continuación.

Ya sea en sonido, en imagen, en música o en lenguaje hablado, sólo existen a fin de cuentas dos recursos expresivos: el contraste y la repetición.

Observemos la siguiente imagen:

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Si analizamos la estructura que tiene, nos daremos cuenta de cómo todo en el fondo consiste en jugar con repeticiones y contrastes:

  • Se centra la atención en una figura enfocada frente a un fondo desenfocado. El desenfoque hace al fondo homogéneo, un color que se repite. El grupo de hojas que se ve enfocado en la parte inferior contrasta por su nivel de definición y por la variedad de texturas que ofrece.
  • El grupo de hojas se define por una repetición: todas son hojas, y están alineadas formando un ritmo. Sin embargo, también son diferentes entre sí en tamaños y colores, hay contraste entre ellas. Gracias a eso, la imagen no resulta mecánica ni antinatural, sino viva y orgánica.

Veamos otro ejemplo de música. Se trata de una célebre pieza de Mozart:

Los primeros compases, entre los segundos 0 y 8 tienen una estructura claramente repetitiva en cuanto a ritmo y medida de las notas. Esa repetición, como en el caso de las hojas, genera sensación de sentido, porque la información con sentido está llena de repeticiones.

Sin embargo, esa repetición no puede ser total. Se convertiría entonces en algo mecánico y sin sentido.

Por eso, en la segunda repetición del esquema rítmico, las notas cambian. Contraste. Sin entrar en términos musicales, parece claro que la segunda parte responde a una tensión generada por la primera.

Un último ejemplo, en este caso de un audiovisual. Se trata de un episodio de una serie de televisión que hizo Orson Welles para la televisión británica. En ella, el cineasta habla de diversos aspectos de su vida.

El contenido es muy repetitivo: se trata de Orson Welles hablando directamente a la cámara en un plano ininterrumpido. Sin embargo, un montón de pequeños contrastes mantienen el interés: el contenido de lo que explica es el más obvio, una historia con un recorrido.

Pero lo que realmente hace que funcione y que no resulte aburrido son cambios más sutiles:

  • las pausas, que mantienen el interés por lo que va a venir,
  • la mirada, que va y viene en relación al objetivo de la cámara,
  • la velocidad a la que Welles habla,
  • los cambios de ritmo,
  • gestos con movimientos de cabeza y con las facciones de la cara.
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