Qué es la ambigüedad y para qué se utiliza

Ambigüedad

Escribo este breve artículo para alertar sobre el peligro de la ambigüedad mal entendida. Porque creo que es una de las mayores causas de fracaso en el mundo audiovisual. Empiezo con un breve ejemplo de mi experiencia.

Hace algunos años trabajé en la edición de un cortometraje. En cierto punto, sugerí una solución al director. Con ella, le dije, el espectador entendería mucho mejor el sentido de la escena. Para mi sorpresa, el director respondió:

—Eso es hacerlo demasiado evidente. No quiero ser tan claro.

De manera imprevista, terminé aquella jornada con la duda de cuál era exactamente mi trabajo.

Por un lado, es posible que el director tuviese razón. Quizá yo estaba poniendo todo demasiado fácil al espectador. Lo que es muy obvio no genera interés. Un profesor de literatura me había dicho hacía años que la ambigüedad era esencial en el arte.

Pero por otro, ¿cómo es posible pensar que la confusión resulta más atractiva que la claridad? ¿Es mejor comunicarse que no hacerlo? ¿Cuál es el límite hasta el que se puede ser confuso antes de aburrir?

-La respuesta desde el diccionario

diccionario

El director de cine Alexander Mackendrick dejó escrita hace años una respuesta a mi dilema. En ella, recurría a un diccionario británico para partir de una definición del término “ambigüedad”. Voy a hacer lo mismo aquí citando a la Real Academia Española sobre la palabra “ambiguo”: «Dicho especialmente del lenguaje: Que puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre o confusión.»

En otras palabras, el mensaje ambiguo no es unívoco. Admite varias lecturas. Incluso contradictorias entre sí.

Pero eso no significa que no sea claro. Para entender esto, merece la pena hacer hincapié en la frase que he marcado en negrita. “Que puede entenderse”. Para que algo sea ambiguo tiene que poder entenderse. Los términos y la manera en la que están estructurados y relacionados han de ser claros. De ese modo, el espectador se dará cuenta de que admiten varias lecturas. Entrará en el juego que le proponemos. Y se preguntará cuál es la más correcta, si hay varias posibles etc.

-Ser claro para poder jugar

cubo

François Truffaut, cineasta pionero de los mensajes ambiguos y los finales abiertos, dijo en una ocasión que la claridad era la cualidad más importante que se le podía pedir a un creador.

Echemos un vistazo a la imagen que he puesto al comienzo de este artículo. Es un ejemplo clásico de ambigüedad visual, en el que la misma imagen puede parecer alternativamente una copa o dos caras enfrentadas. La cuestión es que las dos posibilidades están claras en sí mismas. La imagen se puede considerar ambigua, pero nunca llega a ser realmente confusa. Plantea una pregunta. No aburre.

Es probable que mi explicación de lo que es la ambigüedad (préstamo de Mackendrick), parezca una perogrullada. Pero basta echar un vistazo a algunos anuncios para darse cuenta de que se pasa por alto. La búsqueda de la originalidad desemboca muchas veces en la oscuridad entendida como valor por cuanto escapa de lo obvio.

Es un error, porque lo que no se entiende, no comunica. Aburre y no se retiene con facilidad. Lo contrario de lo que pretende ser un anuncio. Para comunicar, ser confuso nunca es una ventaja.

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