La importancia de no hacer nada (I)

Hoy quiero hablar de las ventajas de no hacer nada.

nada

-La nada de los genios

Resulta difícil explicárselo a los jefes. Pero es cierto. Para que sus empleados den los mejores resultados posibles, a veces tienen que no hacer nada. Hay una razón de peso para ello, de la que ya hablé en un artículo anterior.

Haciendo el vago, así sin más, se nos ocurren las mejores ideas. De repente vienen.

Algunos lo llaman “dejar reposar las cosas”. Otros hablan de “consultarlo con la almohada”.

Sea como fuere, hemos aprendido intuitivamente que las soluciones más originales a veces llegan en momentos de pereza. Las personas más creativas generalmente lo saben. Buster Keaton, cuando sufría un bloqueo creativo, se ponía a jugar al béisbol con su equipo. Ernst Lubitsch interrumpía el trabajo y se iba al cuarto de baño. Volvía con grandes ideas. Woody Allen ha contado muchas veces que la mejor manera de solucionar un problema es meterse en la ducha.

Imaginemos la convulsión que esto causaría en una empresa. “Disculpe, jefe. Le estamos dando demasiadas vueltas. Voy a espatarrarme un rato en mi sillón y a hacer el vago, que seguro que se me ocurre algo mejor así.

Parece una broma, ¿verdad?

Y sin embargo, es cierto. Pero, ¿funciona siempre?

-El requisito fundamental para que funcione la nada

Hace falta algo imprescindible para que esta inactividad provechosa funcione. Es lo siguiente: hay que trabajar mucho antes de no hacer nada. Hay que darle vueltas al problema hasta quedarse exhausto.

¿Por qué? Aquí voy a echar mano de términos que pertenecen al terreno del psicoanálisis y de la hipnosis. Nuestro pensamiento consciente bloquea el pensamiento inconsciente. La creatividad reside en este último. Pero no se pone a trabajar en un problema si el problema no se ha planteado. Y para plantearlo sólo podemos usar la mente consciente.

Así pues, primero pensamos conscientemente en el problema. Al hacerlo estamos invocando nuestra creatividad mediante nuestro pensamiento consciente. Y a la vez la estamos bloqueando.

Una vez invocada, subimos la barrera del pensamiento consciente. Y ¡pop! La idea que buscamos acudirá.

La pregunta es: ¿no deberían fomentarse en las empresas los períodos de descanso intercalados en la jornada? Aunque no lo sepamos, también son trabajar. Y es en ellos cuando, muchas veces, atinamos.

La importancia de no hacer nada (I)
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