Cómo ser locutor profesional: conseguir la fluidez

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Las pausas son esenciales para el locutor profesional.

Cuando acudí a mis primeras clases de locución, me di cuenta de que no era capaz de hacer que mis palabras sonasen fluidas. Por alguna razón, al escuchar cada una de mis grabaciones, había una sensación de pesadez muy llamativa. Lo curioso era que al grabar, yo tenía la sensación de ir muy ligero y ágil, pero eso no se reflejaba en el resultado. El resultado no sonaba a locutor profesional, sino a una persona leyendo.

¿Qué fallaba?

Mi profesor, Carlos Infante, al que entrevisté en una entrada anterior de este blog, me dio la clave.


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Mis locuciones tenían dos defectos fundamentales.

-Ausencia de pausas

Este era el primer defecto de locución que Carlos me señaló. Mis intentos por sonar ágil hacían que yo, intuitivamente fuese eliminando las pausas. Lo hacía todo seguido para evitar la pesadez. Pero curiosamente, el efecto era el contrario. ¿Por aqué?

Hay tres motivos para esto:

  1. Por un lado, el cerebro del oyente necesita respiros. Si no paramos en nuestra locución, sobrecargamos su capacidad procesadora. Y ese sobreesfuerzo genera un peso. Y quien nos oiga acaba con ganas de que nuestra locución termine cuanto antes.
  2. Por otra parte, las personas al hablar hacemos grupos de palabras cortos. Es decir, hacemos muchas pausas en la vida real. Es lo más natural, porque necesitamos coger aire cada cierto tiempo para hablar cómodamente. Además, a veces paramos para pensar.
  3. Por último, la parada es fundamental para introducir cambios en la entonación. Esos cambios son los que hacen que la locución se mueva, que vaya de un lado para otro, que nos divierta y nos atraiga.

Así pues, mi primer problema de fluidez en la locución era no hacer suficientes pausas. Cuando lo corregí empecé a sonar mucho más como un locutor profesional. Pero había otro problema más.

-Duración excesiva de las sílabas

Es un defecto clásico. A veces queremos decir las cosas de forma tan correcta y tan bonita, que nos pasamos de la raya pronunciándolo todo de manera muy marcada. Así, hay una duración excesiva de las sílabas. Y la locución queda espesa, pastosa, para nada ágil o atractiva. Parece más una clase de español para extranjeros que una locución.

Para ser locutor profesional, es imprescindible conocer y controlar aspectos técnicos como estos: las pausas, la duración de las sílabas, y unos cuantos otros. La mejor manera de llegar a ellos es formarse.


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